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Tradición y Secreto
Toda religión, arte sagrado, forma
iniciática e incluso costumbres se trasmite por tradición.
La religión re-liga al hombre con el estado inaugural al
estilo de Edénico en el que Dios o los Dioses tenían comunicación directa con su
criatura. Perdido ese contacto, se restablece mediante el ritual, la ceremonia y
el símbolo.
El Arte sagrado remite a su fundación, primer cultor o mito
creador.
Lo iniciático, por el rito y transmisión del “secreto” entre
iniciador e iniciado.
La tradición es memoria viva que pasa de
generación en generación, de forma oral o ritual que conlleva al origen y el
comienzo. Siempre igual a sí misma pero siempre cambiante, dado que lo
transmisible es inalterable pero sus transmisores y receptores son siempre
diferentes.
El conjunto de conocimientos recibidos por tradición a través de mitos, ritos o
símbolos, constituyen el “corpus
simbólicum”.
En el orden iniciático, lo que el maestro iniciador “transmite
e instala” en el recipiendario que lo “recibe cono forma” es un secreto.
Secreto imposible de explicar pero compartible. Circula
mediante ritual y solo entre iniciados.
Podemos juntar todo lo escrito y manifestado durante siglos
sobre el secreto iniciático, pero se nos escapará bajo el discurso. Es que el
secreto es “secreto” y no tiene vocación de expresión, se posee. Actúa como
agujero implosivo que atrapa. Invoca, no evoca. Es parecido a la maestría en un
oficio, alfarero no es el que más conoce de alfarería, sino quien domina la
arcilla y establece la forma.
La alfarería, no es un decir, ni se trasmite por las ideas. Lo
iniciático tampoco. Es un ser, un poseer y un portar.